«Balearic», del paraíso musical al hype clubbing

“Balearic: Historia de la cultura de club en Ibiza” es sin duda una de las escasas alegrías que hemos tenido en esta pandemia, en lo que a clubbing se refiere. Después del gran “Bakalao” (ver mi artículo en el blog Mr. Domingo), lo nuevo del amigo Luis Costa, en este caso mano a mano con Christian Len, se ha recibido como agua de mayo. Huérfanos de clubs y martingalas varias, qué mejor que disfrutar de los orígenes de la balearic music e imaginarte danzando al amanecer en la terraza de Amnesia al son de los temarrales de Alfredo… Y si, además, resulta que el bueno de Luis Costa ha tenido a bien incluir a un servidor en los “Agradecimientos”, pues entonces ya las ganas de devorarlo son incontenibles…

Como en su momento “Bakalao” fue un libro muy necesario para arrojar luz en un fenómeno musical y cultural único azotado por la mala prensa, ahora “Balearic” viene a rescatar del olvido un capítulo imprescindible en la historia de la cultura de club, cocinado y servido a pocos kilómetros mar adentro de Valencia y justo en la misma época, pero eso sí, de una impacto internacional incomparable. 

Lo que pasó en Ibiza en los años 80s, sus pioneros djs, su manera de hilvanar una sesión, su eclepticismo y sus terrazas de noches infinitas, marcaron el futuro de lo que sería la nueva escena profesional del clubbing internacional a partir de los 90s. Pero eso sí, para desgracia de los protagonistas, no fueron ellos quienes pilotaron el cambio, sino que una vez más fue la pérfida Albión, la que copió y multiplicó el modelo hasta convertirlo en un nuevo estándar en la industria musical. 

Y es que este libro, va más allá de la historia primigenia de Ibiza y la balearic music, algo que, para que engañarnos, hace años que no existe en la isla, para adentrarse en cómo esta escena seminal en la cultura de club internacional se ha acabado convirtiendo en una suerte de parque temático del clubbing. Una evolución fascinante, compleja y con múltiples protagonistas.

Desde los primeros beatnicks norteamericanos que llegaron a una isla de Ibiza pobre y deprimida en plena postguerra, al influjo bohemio de los hippies de los 60 y 70, hasta la época dorada del balearic y sus discotecas al aire libre de los 80, se va conformando la esencia de los que será la música balearic, como la llamarán los ingleses.

Balearic es en esencia eclepticismo, una música emocional, unos discos imposibles, es pura luminosidad, diversión, es house y es pop a la vez, es muchas cosas y a la vez ninguna en concreto. Podríamos decir que es una forma de ver la vida y la música, una manera diferente de pinchar que esos pioneros djs ibicencos como Alfredo, Pippi, Cesar de Melero o José Padilla llevaron al máximo nivel en los 80s gracias a un contexto único e irrepetible.

Al influjo del turismo que llegaba a la isla cargado de divisas, surgieron discotecas únicas, pequeños templos al aire libre para danzar bajo las estrellas sin regulación alguna. Pachá, Amnesia, KU, Space y muchas otras discotecas se convirtieron en el escenario perfecto para ver nacer el balearic. A todo ello sumamos una época extraordinaria en lo que a la música de baile se refiere, los fértiles años 80 que vieron nacer y florecer desde el postdisco nuevoyorqués, al italo y el cosmic disco italianos, hasta el house de Chicago, el hip hop y el electrofunk del Bronx o la nueva ola del synthwave inglés, para terminar esta década prodigiosa con la traca final del New Beat belga, el techno de Detroit y el desparrame final del Acid house londinense. Casi nada.

El pasado hippie de la isla que plagaba sus playas de cuerpos desnudos, unido a una cierta manga ancha de las autoridades locales que bailaban (y bailan) al son del capo Abel Matutes y no precisamente del balearic, hizo llegar los ecos de estos clubs únicos y esos djs mágicos a oídos de algunos inquietos djs británicos. Sólo faltaba un elemento más para cerrar la ecuación, la gasolina que hizo prender el gran incendio «balearic» por química pura, valga la redundancia: el extasis.

No hay duda que ese mítico viaje de 3 djs ingleses a Ibiza en verano del 87 cambió la historia de la cultura de club e hizo explotar un fenómeno que con los años se ha convertido ya en global. Trevor Fung, Paul Oakenfold y Danny Rampling se pegaron la farra más importante de la historia de la música de baile en Amnesia, descubrieron un paraíso musical (y artificial) único que les marcó para siempre y activó una revolución en la capital de la música pop internacional.

Como leemos a través de los protagonistas del libro, ese momento fue precisamente el inicio del fin del paraíso balearic que floreció en la isla en los 80s. Los mismos protagonistas siguieron, y en muchos casos, siguen en la isla, y no hay duda que se beneficiaron y mucho del éxito para labrarse una carrera profesional e internacional, pero evidentemente la esencia se acabó perdiendo muy pronto, y ello se desprende de sus nostálgicas palabras que jalonan el relato.

En los 90s Ibiza y su sonido, ahora ya plenamente house, dan el salto a la internacionalidad y sus discotecas se transforman ya en grandes macros que empiezan a generar mucho, mucho dinero. Los grandes djs que empiezan a poblar las cabinas internacionales en lo que será el primer circuito profesional de djs, empiezan a aterrizar verano tras verano en la isla para convertirla aún hoy en día en una plaza clave del panorama internacional del clubbing.

Todo este proceso es pilotado desde el principio por los promotores y djs ingleses que van rotando por las grandes discotecas al precio del mejor postor, mientras los dueños de las mismas se dedican a facturar grandes cifras al tiempo que inflan los precios de las bebidas hasta límites insospechables.

Esa gran Ibiza capital del house es la primera de la que oigo hablar a través de la TV y los periódicos, la isla siempre ha tenido muy buena prensa por estos lares, y por los innumerables cds recopilatorios de los grandes djs isleños. Estos, acostumbrados a pilotar ellos solos noches e incluso mañanas, se ven ahora desplazados a la figura de residente que calienta motores para los primeros espadas internacionales, lo que también les permitirá empezar a viajar y expandir el nombre de Ibiza con una carrera propia, en muchos casos tremendamente exitosa.

Como señala el mismo Pippi en el libro, a partir de los 2000 la cosa se descontrola. Además de los grandes promotores ingleses, llegan los alemanes con el gran Sven Väth a la cabeza y los italianos de Circoloco para revolucionar la isla. La fiebre del minimal hace estragos, los vuelos baratos surten de un flujo inimaginable a un aeropuerto cada vez más internacional y los clubs de la isla se van haciendo cada vez más y más grandes. Esa será la Ibiza que conoceré en mi único viaje de clubbing a la isla en una experiencia bastante decepcionante en Space.

La segunda década de los 2000 verá nacer la eclosión de la Ibiza de la cultura VIP y de los grandes hoteles clubbing como Ushuaïa, una nueva vuelta de tuerca al negocio que convertirá a la isla en una suerte de Las Vegas mediterráneo. Pese a todo, resistirán propuestas más cercanas al espíritu original del balearic como el Pikes de Dj Harvey o el Wax Da Jam de George Evelyn (Nightmares on Wax), junto a unos lineups de auténtica locura años tras año, pero con unas evidentes muestras de saturación del modelo y de sus formatos.

Hoy en día los aromas del balearic resuenan más y mejor cada verano en las playas de Croacia y el género nacido en Ibiza está experimentando una segunda vida de la mano de jóvenes sellos y productores. No hay duda que Ibiza necesita reinventarse y volver a los orígenes para volver a recuperar el trono del buen gusto. Quizás esta pandemia pueda ser una buena manera de hacer borrón y cuenta nueva. ¿Volverá de verdad el balearic a Ibiza?

by Javi Domingo | Dj Domingo

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