Una de Apolo… Joy Orbison

Texto by Debruxelas

Aunque oficialmente sea conocida como Nitsa Club, en la noche barcelonesa siempre será El Apolo. Basta con buscar “nitsa” en Google y nos lleva directamente a la web de Sala Apolo http://www.sala-apolo.com/

Todavía recuerdo mi primer Apolo en 1998. Un chico de pueblo recién llegado a la capital que entró en la sala sin saber muy bien donde se metía. Como buen novato llegué cuando la sala estaba totalmente vacía. Nunca olvidaré el movimiento circular de los reflejos de la bola de cristal en las tablas de madera de esa pista que iba a pisar durante muchas horas en los próximos años. El ambiente decadente de una antigua sala de baile, las balconadas de los palcos…

A pesar de provenir de un pueblo relativamente cercano a Florida 135, nunca había vivido la noche tecno -ni musicalmente ni químicamente- y me había “desfogado” en largas noches (y algunas mañanas) etílicas en los típicos locales de música comercial para adolescentes, donde todo se basa en beber e intentar ligar.

Según supe algunos años después, aquella noche pinchaba un tal Sideral, pero en ese momento no sabía quien era. Creo recordar que no lo pasé especialmente bien esa noche. No entendía esa música impetuosa, repetitiva, frenética. No entendía la actitud, esos gestos tensos, esos saltos. No entendía que la gente no estuviera pendientes de unos y otros,  y en cambio sólo reaccionaran a los subidones de esos extraños sonidos.

Era la primera vez que me sumía en un ambiente de ese tipo. Poco a poco la sala se fue llenando. Intenté mezclarme entre la gente y sentir la música, pero ni muchos menos lo conseguí. No es tan fácil. Finalmente me fui para casa hacia las 5 de la madrugada con un extraño sabor de boca y completamente sereno, puesto que para un estudiante de pueblo en su primer año, si algo le resultaba complicado económicamente, era emborracharse en un local barcelonés.

Pero el hielo estaba roto. En los siguientes años seguí descubriendo nuevos ambientes, nuevas sustancias, nuevas amistades y poco a poco ir al Apolo, esta vez sí, como un tecno kid, se fue convirtiendo en algo habitual. Hawtin, Hacker, DeMierda, Detroit, Garnier, Kanzleramt, Miss Kittin, Tejada, Ellen, Villalobos, Kompakt… pero también Mañaneo, Minimal, Insomnio, Amistad, Baile, Risas, Resaca.

Sin darme cuenta fui pasando de ir viernes y sábado de club, a una vez a la semana, 2 veces al mes, 1 vez al trimestre… 1 vez al año.

Por tanto la propuesta del pasado 06 de octubre de revisitar el Apolo con compañeros de viejas batallas se presentaba a priori, muy atractiva. Además el menú era perfecto para dicho reencuentro Joy Orbison + Marcel Dettmann. Con muy buen criterio, visto a posteriori, entramos de los primeros a la sala. Tal y como aquella vez en 1998 el local estaba totalmente desierto, las luces de la bola de cristal ya no iluminaban las tablas, pero ese ambiente tan especial me trajo los recuerdos de aquel día de 1998.

La ecléctica sesión de Mr. O’Grady (nombre real de Joy Orbison) no dejó a nadie indiferente. Empezó con una tema de voces y danzas africanas, y luego una elegante mezcla de ritmos rotos con bases dubstep y alguna que otra canción housera más dulzona. Casi nada… Hay que ser bueno para mezclar estos estilos y que la pista te siga. Me cautivó totalmente, bailamos, bailamos mucho. La segunda parte con Dettmann a los platos no me soprendió tanto, pues cumplió con lo que se esperaba de él: oscuridad, beat y precisión alemana. Pero después del festival multiestilo de Orbison (o quizás también el cansancio…) los pies ya no respondían igual. Que ya no estamos en 1998.

Innumerables medianas a 4 euros, que ahora sí, nos podemos permitir, contribuyeron a hacer la noche todavía más agradable. Momentazo cuando voy a buscar un par de ellas y cuando llego a la pista me encuentro al Señor Presidente con dos medianas también en mano buscándome. Vacas gordas, risas y baile.

En definitiva, gran noche y con ganas de repetir cuando el menú musical lo justifique.

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